La Regeneración Espiritual. 2da. parte

La Regeneración Espiritual. 2da parte

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

Todos los cambios que debemos experimentar deben venir primero de adentro. Cuando Dios está regenerando tu espíritu, lo más importante para ti no puede ser lo que sientas por fuera, sino más bien los frutos que salgan de ti por esa regeneración.

 

“La Regeneración Espiritual.  2da. parte”

 

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”. 1 Corintios 3:16:

 

Tenemos que entender que la voluntad de Dios es  que nuestro espíritu sea regenerado y que no nos quedemos como estamos. Dios es quien despierta nuestro espíritu, Dios es quien nos busca y no nosotros a Él.

1 Corintios 2: 6-14 dice:

“ Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

 

Toda la sabiduría de Dios está en Su espíritu y es por esta razón que debemos ser regenerados. Lo que Dios tiene para nosotros, ya fue puesto en nuestro Espíritu desde la  eternidad. Si no regeneramos nuestro espíritu, no vamos a poder recibir lo espiritual que Dios tiene para nosotros. Dios no quiere nada con tu cuerpo, tu carne y tus emociones, Él va a acomodar lo espiritual con lo espiritual, cuando tu alma oprime tu espíritu, lo que logra es hacerte un hombre emocional y almático.

 

Todos los cambios que debemos experimentar deben venir primero de adentro. Cuando Dios está regenerando tu espíritu, lo más importante para ti no puede ser lo que sientas por fuera, sino más bien los frutos que salgan de ti por esa regeneración.

 

Necesitamos obediencia, fe y disposición para empezar este cambio.

 

1 Corintios 3:16:

“ ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”.

 

Debes entender y entrar en la revelación de que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo y que Él mora dentro de ti.

 

En este proceso donde tu espíritu es despertado y comienza a ser regenerado es cuando empiezas a crecer espiritualmente. Muchos de nosotros no tenemos identidad en Cristo porque continuamos viviendo almaticamente, por emociones, y por esto no crecemos.

 

Vivir almáticamente te hace vivir con tus fuerzas, por impulso y por experiencias propias, esto hace más difícil que te acerques a Dios porque vas a querer vivir por tu sabiduría, cuando vives así, te alejas de Dios.

 

Romanos 8:14-17 dice:

“ Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.  Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

 

Cuando Dios dice que hemos de padecer juntamente con Él, se refiere a que Él quiere cambiar algunas cosas de nosotros. Esta palabra me dice que para manifestar Su gloria, debo padecer juntamente con Él. Dios va a provocar unos movimientos para cambiar algunas cosas en nosotros, y esto automáticamente tiene que ver con todo aquello que toca tu espíritu, porque es por tu espíritu que has de recibir todo lo que Dios tiene para ti a través de la intuición.

 

Todo lo que hemos de crucificar, es igual que Jesús, solo que en el espíritu. Ese padecimiento que Dios va a poner en nosotros es para poder glorificar a Jesús y manifestar Su gloria, es un padecimiento para llevar nuestro espíritu a ser regenerado cada día más.

 

La diferencia entre un creyente carnal y uno espiritual, es que el creyente carnal está sentado en la Iglesia manejándose de acuerdo a sus emociones y sentimientos hablando de salvación, mientras que el creyente espiritual ha muerto a su yo y se convierte en un manifestador de Su gloria mediante la fe y la obediencia. El creyente carnal tiene fe, más no obediencia. La fe te hace creyente y es importante, y es con la fe que comienza tu regeneración, es por esto, que si tu fe no aumenta, tu regeneración de espíritu no se acelera y no creces, quedándote en un creyente carnal. Sin fe no se acelera la regeneración.

 

El creyente carnal se mueve conforme a las circunstancias que le rodean. La fe te hace contemplar a Dios, mientras que el sentimiento hace que te contemples a ti mismo. El que anda por la sensación de un sentimiento emprende sólo aquello en lo que está interesado y el que anda en fe emprende y obedece la voluntad de Dios.

 

La vida enfocada en sentimientos aleja a la persona y no le permite permanecer en Dios, esto lo lleva a encontrar satisfacción en el gozo, mientras que con la fe, la satisfacción viene por la fe en Dios. Cuando encuentras una satisfacción que complace tu yo, vas a necesitar una circuncisión más profunda en la cruz, porque el gozo que Dios te da no es para satisfacer tu yo, ese gozo es para acercarte a Él y que tú seas cada vez más obediente.

 

La fe es el principio del cristianismo y sin ella no puedes ser un creyente regenerado, ahora bien, es la obediencia que nos hace creyentes espirituales y este es el objetivo de Dios, que seamos espirituales. La única manera de vivir y manifestar Su gloria es siendo creyentes espirituales.

 

Si nos quedamos sólo con el gozo de la bienaventuranza que Dios nos da es porque todavía tenemos que experimentar cosas fuertes. Dios siempre te va a retirar el gozo que te da aquello que recibes de Él. Cuando comienza la regeneración de tu espíritu, Dios te va dando un gozo, y con ese gozo, también te da una serie de condiciones y satisfacciones que te provocan sentimientos que te van a acercar a Dios. Con todo esto, Dios quiere que te acerques a Él.

 

Pasado un tiempo de experimentar ese gozo, si continúas dependiendo y sólo concentrado en esa sensación, no vas a poder ser obediente a lo que dice la Palabra. Dios va a querer saber si vas a continuar alabando y adorando, aunque ya no lo sientas. Cuando vienes a Cristo, Dios te da luz verde y te emocionas, pero llegado el momento tendrás que padecer como Jesús, Dios te empieza a poner cosas difíciles en las que no encontrarás respuesta, Dios está buscando saber si lo adoras para gozarte tú o si más bien lo haces para que Él se agrade en ti. Dios va a querer saber cómo te comportas cuando no lo sientes, porque la vida sentimental de un creyente regenerado siempre va a opacar la fe, tus emociones opacan tu fe y cuando las sensaciones y emoción desaparecen, no lo vas a ver, no lo vas a sentir; y llega el padecimiento para el Señor conocer si te mantienes, si sigues disfrutándolo aún sin sentirlo.

 

Dios quita de ti aquellas cosas que te dan gozo para ver si tu alma se amarga. Dios desea que lo busques en oración, aún cuando no lo sientas. Dios no quiere que tu vida cristiana esté basada en un sentimiento, Dios quiere que tu vida cristiana esté basada en fe. La regeneración del espíritu no tiene nada que ver con lo que sientes ni con lo que disfrutas. Quien tiene que deleitarse en nosotros es Dios por nuestra fe y obediencia.

 

Los creyentes regenerados espirituales toman la palabra que los hace padecer, mientras que los creyentes sentimentales prefieren aquellas que le provocan gozo. El creyente regenerado en su espíritu está dispuesto a sufrir, esté siendo consolado o no, este creyente no cambia, sólo cree, se mantiene firme en su identidad como hijo de Dios y reconoce que sólo tiene que traer disfrute y deleite al Señor, sabe que lo único que necesita es fe y obediencia.

 

Cuando el creyente va progresando espiritualmente, Dios empieza a retirarle el consuelo y el deleite para ver si verdaderamente está creciendo en Él; para el creyente espiritual meterse en la presencia de Dios no necesita emociones ni un lugar específico para orar, no importa donde esté, él puede orar porque sabe quien está con él. El creyente espiritual no necesita oír la voz de Dios, la propia intuición le dice lo que tiene que hacer, no los sentimientos y sí la intuición, por esto sufrimos cuando se nos ministra el sufrimiento de Cristo, mientras más intenso se hace ese sufrimiento, menos es la amargura en tu alma; Dios te quita lo que sentías al principio cuando venías a la Iglesia, para que ahora vengas, no sólo a buscar, sino a traerle de lo que tienes a Él.

 

Este proceso le permite ver a Dios si estás viviendo por fe o si sólo lo haces guiado por sentimientos para ti, en este momento Dios puede ver si te gozas por lo que Él te da o si lo haces sólo porque estás esperando una recompensa. A Dios no le interesa cuando le ofrendas esperando que te lo multiplique, pero sí le agrada cuando le ofrendas sin esperar nada a cambio y lo haces con gozo. A Dios no le importa cuando le ofreces un ayuno esperando que Él haga algo por ti, más si lo haces porque crees en Él, lo amas y te gozas, Dios se encarga de darte lo que necesitas.

 

Todo lo que hace un creyente sentimental, lo hace buscando un beneficio de Dios, este tipo de creyente siempre está listo para amargarse cuando no siente una emoción o sensación como respuesta, sin embargo el alma del creyente espiritual está cerrada, porque no le importa sentir algo, lo que quiere es sólo agradar la presencia de Dios que está dentro de él. Como creyente, no te preocupes tanto por verlo o sentirlo, sino más bien por agradarlo, no te preocupes por escucharlo más reconoce que Él te ha escuchado, preocúpate porque Dios te muestre tu verdadera condición para que puedas verlo a Él.

 

El padecimiento por fe y obediencia te trae gozo y transformación. No eres transformado cuando sólo sientes gozo y no tienes fe. Tenemos que buscar y provocar ese cambio interno en nosotros.

 

No hay imagen alguna de Dios que podamos ver, porque es por fe y no por vista, no es por sentimientos o emociones, es por fe y obediencia. Mientras más regenerado sea tu espíritu, unido a la fe y la obediencia, así manifestarás la gloria de Dios.

 

Los mejores encuentros con Dios están en el padecimiento, muchos nos preocupamos por el gozo en vez de ocuparnos en ser obedientes. Cuando el mundo se te esté derrumbando, no temas, porque Dios lo tiene en Sus manos; no te detengas, en medio de todo, sigue orando, Dios quiere que tengas fuerzas sabiendo que Él está contigo siempre.

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