Revelación del Templo

Revelación del Templo

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

Es importante que entendamos que cuando entramos al templo, estamos viniendo a la casa de Dios. Muchas veces pensamos que el templo tiene que estar lleno de figuras, pero no es así. Tenemos que entender que inmediatamente cruzamos el dintel de esa puerta, estamos en el templo de Dios.

 

En el Antiguo Testamento, al templo también se le llamaba tienda de reunión, tabernáculo o tienda sagrada.

Dice en Éxodo 33:7-8:

“Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo”.

 

Ya en los capítulos 31 y 32 Dios le había dado a Moisés la visión de cómo hacer el tabernáculo, las medidas y los utensilios a utilizar, sin embargo Moisés no lo construyó de inmediato.

 

Entendamos el proceder de Moisés en 33:7: “Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento…”, este primer tabernáculo no fue el que Dios le dijo, sino que él tomó su propia tienda y la sacó fuera del templo y allí le hizo tienda a Dios.

 

Versículo 9: “Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés”.

 

Aquí vemos la importancia de este lugar para nosotros encontrar Su presencia; Moisés hizo de esta tienda un hábitat para Dios y cada quien lo adoraba fuera de su tienda. El tabernáculo no es más que el lugar para nosotros ir y buscar la Presencia de Dios y no necesitamos muchas cosas.

 

La presencia de Dios viene por atmósfera y caía en aquel lugar y el pueblo lo veía, podemos observar el respeto que el pueblo tenía por ese tabernáculo que era la casa de Dios y dice que desde fuera, ellos alababan y adoraban a Dios, desde la puerta.

 

Cuando vienes al templo de Dios tienes que cambiar totalmente tu sistema, cuando Jesús llegó al templo habían cambistas, comerciantes y vendedores, muchas veces no tenemos la revelación ni el respeto para la casa de Dios.

 

Dios constituye a cada creyente como templo vivo y personal de Dios.

 

2 Corintios 6:14-16 dice:

 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?  ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

 

Si la Palabra nos está diciendo que somos templo de Dios, se está refiriendo a cuando estamos todos unidos, porque el templo no lo hacen las paredes, sino nosotros, las personas, que somos los formadores de este templo, y así que como estemos por dentro, así estará nuestro templo.

 

Juan 4:23-24 dice:

“Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.

 

Soy templo de Dios porque dentro de mí hay algo que lo adora.

 

Conforme seas tú en tu templo, serás cuando vengas a este templo físico que es la Iglesia. Tu alabanza y adoración serán conforme a cómo tú adores en tu templo. Puede que no seamos cambistas en lo físico, pero sí espiritualmente. La Palabra dice que somos piedras vivas y que como piedras vivas formamos el templo.

 

Automáticamente Jesús limpió el templo, vino lo sobrenatural, llegaron los milagros y las sanidades. Esto trae como consecuencia que el Señor quiera hacernos sacerdotes.

 

Primero Su Palabra dice que somos templo del Espíritu Santo y luego dice que somos sacerdotes.

 

Apocalipsis 5:10 dice:

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

 

Eres sacerdote y tienes un llamado a sacerdote, los únicos que ministran y adoran a Dios son los sacerdotes y mientras los levitas están identificados por su trabajo, los sacerdotes lo están por su adoración y comunión con Dios; y si no entiendes esta revelación a través de Cristo Jesús de que estás llamado a sacerdote, tampoco vas a entender que eres templo del Espíritu Santo y que eres tu propio sacerdote en tu templo.

 

El enemigo nos ha robado la identidad y por esto no la ejecutamos. Todo creyente que viene a Cristo es automáticamente escogido por Dios para ser sacerdote, y una vez eres escogido, eres sacerdote de tu templo.

 

Si primero no eres sacerdote contigo mismo, cuando vengas aquí, tampoco podrás ser templo del Espíritu Santo, porque lo que te hace piedra viva es el sacerdocio, la comunión y la adoración con Dios.

 

Si no eres sacerdote de tu propio templo, te conviertes en piedra de tropiezo, vienes a la Iglesia pero tus pensamientos no están aquí, cuando cruzas ese dintel y no eres sacerdote de tu templo, no estás completo, no vienes preparado y no tienes expectativas de lo que Dios tiene para ti.

 

Cuando estás sentado al lado de alguien, ves a alguien físicamente pero no a alguien que es templo de Dios. Al no tener esta revelación, siempre vas a dudar de lo que esté a tu lado y ese a tu lado, no es más que tu hermano, quien también dice la Palabra que es templo de Dios y un sacerdote.

 

El ser sacerdote viene por la comunión y la adoración, mientras que ser levita es por el trabajo que realizas, y traemos todas esas cosas cuando realmente antes debemos limpiar y purificar nuestro templo, ser un sacerdote para poder entrar en el tabernáculo de adoración con Dios.

 

Cuando no eres piedra viva, vives quejándote por lo que no tienes y no celebras lo que sí tienes.

 

Hebreos 13:15:

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.

 

La adoración es sacrificio y lo único que te da sacrificio de adoración es la comunión con Dios, si no tienes comunión con Él, se te va a hacer difícil sacrificar adoración, es por esto que vemos templos tan fríos que no sacrifican a Dios, porque sacrificio de adoración a Dios no es solamente abrir la boca y adorarlo, realmente adoramos a Dios cuando sacrificamos todo lo que lucha con el primer lugar de Dios en tu vida.

 

Esto quiere decir que si tu trabajo pelea con Dios y no te permite venir a adorarle y por este motivo, sacrificas tu trabajo, entonces sí estás dándole adoración.

 

La adoración es cuando le entregas a Dios todo aquello que compite con Él. Una vez que entiendes que eres sacerdote espiritual, también entiendes que eres templo espiritual y el resultado será que darás sacrificio espiritual y es cuando comienza una entrega absoluta a Dios.

 

Satanás siempre va a intentar agrietar tu templo, pero el acero de tu templo se llama la Palabra y el cemento es el Espíritu Santo.

 

Romanos 12:1 dice:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

 

Tu problema es tu cuerpo, es en tu cuerpo que satanás pone la duda, las actitudes y los pensamientos.

 

El creyente es sacerdote y no levita.

 

Si primero eres sacerdote , te vas a preocupar por estar todo el tiempo en la presencia de Dios y en comunión con Él, cuando permaneces en comunión y ejerces tu trabajo de levita, será muy difícil que te equivoques con aquello que te corresponda hacer porque de la comunión con Dios viene el discernimiento para saber cómo hacer las cosas. Hay personas sirviendo en la Iglesia sin ser sacerdotes.

 

Dio no nos dará un templo nuevo si primero no nos organizamos como sacerdotes, esta es la clave. Vivimos muy afanados como levitas y nos hemos olvidado de ser sacerdotes y de tener comunión con Dios, cuando tienes esta revelación, nunca te vas a negar. Cuando sirves en la casa bajo la bendición sacerdotal, pocas veces te equivocarás, debemos pedirle perdón a Dios y ponernos a cuenta con Él antes de servir. Un obrero cristiano es un sacerdote, es uno que trabaja y sus frutos no dependen del trabajo, sino de su comunión con Dios.

 

Este es un tiempo en que el enemigo se levanta astutamente en contra de la Iglesia y lo hace a través de personas que están dentro y que se dejan usar, trayendo consigo todo tipo de contrataciones.

 

Tenemos que tener celo por la casa de Dios, necesitamos crecer para saber lo que es y no es valioso. Debemos ser radicales y no ser permisibles por el amiguismo.

 

Isaías 5:20 dice:

“Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”

 

La Iglesia debe reconocer la tendencia de la sociedad en este tiempo, de volverse cada vez más tolerante, porque la sociedad nos está llevando a ser cada vez más permisibles.

 

Al enemigo lo vemos a través de personas que siempre quieren llevar la contraria, son personas que no quieren cambiar, tampoco tomar su responsabilidad, no quieren comprometerse, no apoyan y sólo buscan lo propio, estas personas son piedra muerta y son anti edificadores.

 

Estamos siendo permisibles con este tipo de personas y no nos damos cuenta del daño que hacemos a la Iglesia, muchas veces incluso son líderes porque no saben ser primero sacerdotes.

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