Un llamado a la santidad

Un llamado a la santidad

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

Tenemos que santificarnos y apartarnos del pecado para que nuestros ojos sean abiertos y dejemos de vivir en tinieblas.

 

“Un llamado a la santidad”

 

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Apocalipsis 4:8

Dice en Apocalipsis 4:8

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.

 

El término hebreo para la palabra santidad es Kadesh, que significa: santo, santidad de Dios, perfección de Dios a su majestad, a su  justicia y oposición a todo pecado.

 

Santo es la naturaleza intrínseca de Dios,  y Su carácter es santo. En el caso de los hombres la santidad significa que una persona ha sido separada para Dios; el único que fue santo cien por ciento fue Jesús, pero Dios quiere ver en nosotros la actitud de ser separados para Él.

 

La palabra Kadesh viene de la raíz que significa: cortar, separar, apartar. Santidad significa ser consagrado, separado y apartado totalmente para cumplir un propósito; es estar disponible para el uso exclusivo de Dios.

 

No podemos hacer ni tener nada que no venga de Dios; automáticamente estamos apartados para Dios todos nuestros miembros son santificados y consagrados para Él.

 

La santidad proviene totalmente de Dios y sólo la da Él, y conforme lo conocemos así será la medida de santidad que adquirimos; la santidad se muestra también cuando le tenemos temor reverente a Él.

 

A Dios lo alabamos por Su grandeza y Su poder, pero también lo adoramos por Su santidad, y conforme sea nuestra adoración así será el concepto de santidad que tenemos de Dios. Si no entramos en el proceso de santificación las promesas de Dios para nosotros serán vanas, no porque no sean reales sino porque nosotros no entramos en el nivel que necesitamos entrar.

 

Dice 1 Pedro 1:14-16

Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;  sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;  porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

 

Pedro está exhortando a los creyentes a que dejen la vieja forma de vivir, y que sean santos como Él es santo.

 

¿Por qué razón tenemos que santificarnos?

 

Dice en  Hechos 26: 18

para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

 

Tenemos que santificarnos y apartarnos del pecado para que nuestros ojos sean abiertos y dejemos de vivir en tinieblas. Cuando estamos en pecado somos marionetas que usa el diablo para manejarnos como él quiere. La sola actitud de querer santificarnos nos sacará de las potestades de satanás a la luz admirable de Dios.

 

Somos herederos de todo lo que Dios promete a través de nuestra santificación.  Sin embargo, la santificación parece difícil de conseguir, porque la herencia adámica que hay en nosotros va a querer levantarse, y esta es la rebeldía y la desobediencia; cuando queremos santificarnos con nuestras propias fuerzas nunca lo vamos a conseguir, la santificación y la pureza se alcanza con la gracia de Dios.

 

La mayoría de los hombres que buscan a Dios no andan en la bendición y en su herencia  porque ésta es sólo para los que se santifican.

 

No adquirimos santidad cuando nos conducimos por reglas y mandamientos de hombre, esto es legalismo, porque la santidad para los que se conducen por mandamientos de hombres sólo se manifiesta en el exterior de las personas.  La santidad se consigue a través de la fe en Jesucristo, para caminar en santidad hay que tomar la decisión de ser santos, Cristo nos hizo libres para ser santos.

 

Romanos 6: 12-13 dice:

 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;  ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

 

También dice en Romanos 6:6

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

 

La  gracia de Dios nos da la autoridad y el poder para apartarnos del pecado, al hombre viejo hay que ejecutarlo, nosotros decidimos cómo seguir caminando, si en pecado o en la santidad de Dios.

 

Lucas 9:23

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

 

Esto significa que tenemos que dejar todo aquello que nos gusta, pero que desagrada a Dios. Tomar la cruz es cuando la voluntad nuestra se cruza con la voluntad de Dios, nuestra voluntad deja de existir para hacer  la voluntad de Él. Morimos a nosotros mismos para que el Señor viva en nosotros y con nosotros.

 

Dice en Juan 12: 24-26

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.  El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.  Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

 

Cuando el grano de trigo cae y muere en la tierra, nunca había sido tan lleno de vida hasta que llega ese momento, porque mientras más estemos acercándonos a la santidad más solo nos iremos quedando, todo lo que está a nuestro alrededor que no es santo será arrancado por Dios.

 

Mientras más morimos para alcanzar la santidad más vida tenemos en nosotros, la vida de Cristo viene a morar en la nuestra.

 

2 Pedro 1: 1-3

Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.

 

Cuando nos ve con una actitud de santidad es cuando más gracia y favor nos da, apartar nuestros miembros de donde lo tenemos para estar en santidad es cuando la gracia se derramará para darnos el poder sobrenatural de conocerlo íntimamente.

 

La gracia para alcanzar la santidad fue derramada en la cruz del calvario y sólo se muestra a los humildes y a los que tienen fe en Su nombre. Tenemos que santificar tres cosas: el alma, esto incluye el asiento de nuestros deseos, cuerpo, todos nuestro miembros sexuales, y el espíritu.

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