“Activando la Palabra Profética” – Profeta Montserrat Bogaert

Este tema es muy importante. Estamos viviendo en un tiempo donde no podemos retroceder ni darle lugar al desánimo para que afecte nuestras vidas, sabemos que las situaciones vendrán y el desánimo es parte de ello, mas no podemos permitir que afecte nuestro avance. Si retrocedemos ahora, ¿dónde iremos?

 

 

Pensemos en esto un poco, si nos desanimamos, ¿qué vamos a hacer? ¿A dónde llegaremos? Si pierdes la esperanza, ¿cuál es el camino que te queda? Tienes que luchar para seguir avanzando y no quedarte en el mismo lugar en el que estás.

 

 

Yo le digo a Dios cuando estoy cansada, pero lo hago con el pensamiento de que quiero más, no de que quiero tirar la toalla. Hay personas que ya no tienen sueños ni ilusiones y todo le es indiferente. No podemos permitir que las emociones acaparen nuestra alma de tal modo que perdamos todo lo que hemos logrado.

 

 

Si no tenemos nuestros ojos enfocados en lo que nos espera adelante, todo lo que hemos logrado lo podemos perder, por un mal pensamiento o una mala influencia. La Palabra dice que, si llamamos, Él nos abrirá y responderá, y Él lo hace; pero ¿qué pasa, si mañana seguimos orando y hay una oración de la cual no recibimos respuesta en el momento que esperábamos? Entonces viene la desilusión y el desánimo una vez más.

 

 

Tenemos que aprender a pelear las palabras proféticas que hemos recibido, todos tenemos palabras proféticas: Dios nos habla a través de sueños, a través de un profeta, a través de Su palabra, a través de un mensaje; Dios tiene múltiples formas de hablarnos. Es Su manera de decirnos lo que sucederá en el tiempo y que ha sucedido en el cielo pero que necesitamos se haga visible en la tierra.

 

 

 

En el momento que recibimos la palabra nos emocionamos y alegramos, pero no pasa de ahí, no se trata de recibir la palabra y tirarla en un baúl y simplemente decir que, si Dios lo dijo, Él en Su tiempo lo hará. Es necesario que atesoremos pero que también trabajemos en ello.

 

 

 

En ocasiones lo que Dios nos dice no es lo que esperábamos escuchar, pero lo que tenemos que entender es que lo que Dios nos dice es Su voluntad. Muchos abren sus biblias pidiéndole a Dios que les hable, y cuando el versículo que sale no les acomoda, entonces la cierran y vuelven a abrirla hasta encontrar una palabra que les acomode. Esto no se trata de algo que venga a acomodarnos, Dios nos da palabra para que sepamos que nuestra vida va a cambiar.

 

 

 

Tal vez estás esperando que Dios te dé una palabra toda adornada, que te diga de ir donde gente que ya conoces y que se acomode a lo que estás esperando, pero es por esto que no respondemos a lo que dice Dios, porque queremos hacer más nuestra voluntad que la de Él.

 

 

Si hoy un profeta te dice que sales para Europa mañana, lo aceptas de inmediato, pero sí en cambio te dice que tienes que presentarte a tu enemigo, dudas y dices que tienes que ayunar para recibir confirmación. Dios lo que quiere es que nosotros respondamos cuando Él nos habla, y que no necesariamente, lo que nos dice nos va a gustar.

 

 

Cuando Dios da una Palabra, Él respalda. Yo recibí una palabra de parte de un profeta que fue directo a mi casa diciéndome que en 6 meses me sacaban de mi trabajo, y cuando Dios lo hizo, es porque ya había dado una orden. En ese momento yo pensaba que cómo pagaríamos el colegio, y a tan solo 2 meses de haber recibido esa palabra, recibí otra palabra profética donde Dios me decía que nada me iba a faltar y que Él era mi proveedor.

 

 

Dios no dice cómo va a hacer las cosas, pero nosotros queremos saberlo todo, queremos ser detectives para descifrar lo que hará. Dios te dará los detalles en la medida en que seas sumiso y obediente a Su mandato.

 

 

1 Reyes 18:1-8 

Y estando Abdías en el camino, he aquí, Elías le salió al encuentro[f], y Abdías lo reconoció y cayó sobre su rostro, y dijo: ¿Eres tú Elías, mi señor? Y él le respondió: Yo soy. Ve, di a tu señor: «Aquí está Elías».  

 

 

 

¿Qué haces cuando recibes una palabra que en el momento te confronta? Aquí vemos una reacción en Elías, a quien no le importaron las consecuencias, él solamente sabía que tenía que presentarse con el rey Acab. Igual debemos hacer nosotros, no podemos desviarnos y debemos cumplir a cabalidad lo que Dios nos ha dicho.

 

 

 

Versículo 15 

“Y Elías dijo: Vive el Señor de los ejércitos, delante de quien estoy, que hoy ciertamente me mostraré a él” 

 

 

 

Elías no dudó por un momento cumplir con lo que se le había dicho. En esta situación vemos que la voz de Abdías vino a traer dudas. Es importante que elijamos con cautela con quién compartimos las palabras que Dios nos da.

 

 

 

Tal vez te has encontrado en la situación donde le has contado a alguien lo que Dios te dijo y esta persona siembra dudas diciéndote que sí realmente crees que Dios hará eso que te dijo, y es entonces cuando te desmoronas y dejas de creer. Sin embargo, si eres como Elías, esto no te va a detener y declararás con fe y valentía que lo que Dios ha hablado a tu vida se cumplirá.

 

 

 

Por complacer a los hombres tendemos a obviar la palabra de Dios. Ten en cuenta que la palabra que recibiste era específicamente para ti, no le fue dada al vecino ni a tu amigo, ninguno de ellos tiene por qué entender lo que Dios solamente te dijo a ti.

 

 

Hay personas que anulan la palabra profética que Dios te ha hablado porque tienen interés en que no se cumpla.

 

 

No seas como Jonás que lo enviaron a Nínive y se fue a Tarsis, después te comerá la ballena y tendrás que orar para salir de esa situación.

 

 

Cuando tienes una palabra de parte de Dios, guárdala en tu corazón y con personas carnales no las compartas, porque los carnales saben que van a tener que separarse de ti cuando la palabra se cumpla. Muy pocas personas se alegran realmente por tus bendiciones.

 

 

Con audacia declara a esos que quieren apagar tu fe que la palabra de Dios se cumplirá en tu vida hasta que cumpla el propósito por la cual fue enviada. Hay palabras gravitando en los cielos esperando a que tú las captures y pelees por ellas.

 

 

Si Dios te dice que quiere que te levantes a las 3 de la mañana a orar, pero te dices a ti misma, que es a las 6 de la mañana, que probablemente escuchaste mal, ¡este es el motivo por el que tenemos tantos problemas! Métele fe a la palabra!

 

 

También tienes que saber de quién viene la palabra porque hay profetas que no son verdaderos. Escucha a los profetas reconocidos. Y si Dios te habla en la Palabra, tómala, porque es nuestro manual. Graba esas palabras y escúchalas frecuentemente, te darás cuenta de que mientras más las escuchas, más vas a descubrir, porque hay cosas que no recibimos a la primera, sino la segunda o la tercera vez que la oímos.

 

 

La palabra tiene un poder creativo y cuando la declaras sucede lo que ya estableciste. Si dices que Dios nunca te ha hablado, y vienes los miércoles y los domingos, entonces ya Él te está hablando, así que toma algo de lo que estás escuchando. Cuando Dios dice en un mensaje que tenemos que dejar la fornicación y el adulterio, que tenemos que dejar de robar, Él nos está hablando, pero este tipo de mensajes no lo queremos recibir.

 

 

Si recibes una palabra y no tienes fe para trabajarla, no tienes nada. En el tiempo de Elías, el pueblo había desechado a Dios y habían hecho de su dios, a Baal; el rey se había casado con Jezabel, quien le rendía cultos a Baal. Para que la palabra profética se cumpla tiene que haber presencia de Dios en tu vida, si Su presencia no está, la palabra que recibiste no se hará visible.  

 

 

 

Elías vio que el altar de Dios estaba arruinado, que no había nada, yo hoy te pregunto, ¿cómo está tu altar? Anteriormente el altar se construía, más ahora lo construimos en nuestro espíritu, cuando oramos y presentamos sacrificios espirituales.

 

 

No encuentras la palabra profética porque no hay presencia de Dios en tu vida. Dios nos da un caramelo a través de Su palabra profética, para que trabajemos en nuestro cambio y transformación, porque llegado el momento, Dios traerá lluvia de bendiciones para ti.

 

 

El dios al que el pueblo de Israel servía, Baal, se consideraba el dios de la tormenta y de la lluvia, si Elías iba donde Acab y este le pedía por lluvia, el pueblo creería que la lluvia había venido a causa de sus dioses. Hay cosas que tenemos que remover para que la palabra profética venga a nosotros. 

 

 

Queremos la palabra profética sin sacrificio, sin doblar nuestras rodillas, porque queremos las cosas muy fáciles. Cuando Elías levantó el altar vino el fuego de Dios del cielo, y así sucede cuando nosotros creamos nuestro altar, provocamos una respuesta de Dios, y Su presencia y respaldo se hacen visibles.

 

 

Solamente en ese momento, cuando el fuego del cielo consumió el altar, el pueblo reconoció que ciertamente el Señor era su Dios. Cuando levantas un altar, los que están a tu alrededor sabrán que Dios está contigo.

 

 

Mucho de lo que se ha demorado en tu vida, volverá en el momento en que restaures tu altar a Dios, cuando comiences a orar y ayunar, a evangelizar e ir por las almas, entonces Su palabra llegará. La palabra profética necesita un lugar y un ambiente para que se manifieste y se haga visible.

 

 

Versículo  30 

“Entonces Elías dijo a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se acercó a él. Y reparó el altar del Señor que había sido derribado”. 

 

 

 

Nosotros mismos derribamos nuestro altar, no es otro que lo hace. Es tiempo de que todos aquí levantemos nuestro altar. Es tiempo de dejar la vagancia y el ser holgazán, de dejar todo lo que nos distrae.

 

 

La palabra que Dios desata en tu vida, también se cumple en tus generaciones. 

 

 

Versículos 31-34 

“Elías tomó doce piedras conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien había venido la palabra del Señor, diciendo: Israel será tu nombre. 32 Y con las piedras edificó un altar en el nombre del Señor, e hizo una zanja alrededor del altar, suficientemente grande para contener dos medidas[p] de semilla. 33 Dispuso después la leña, cortó el novillo en pedazos y lo colocó sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña”. 

 

 

 

Sería injusto que Dios te dé una palabra y que no la valores.

 

 

 

Versículo 37 

“Respóndeme, oh Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, oh Señor, eres Dios, y que has hecho volver sus corazones”. 

 

 

Si no derribamos el altar que tenemos a otros dioses, cuando llegue la bendición, diremos que se debió a nuestra influencia y no le daremos la gloria a Dios; y El siempre tendrá más urgencia que nosotros mismos para que se cumpla lo que ha dicho.

 

 

Si nosotros como pastores de esta iglesia no hubiéramos peleado cada palabra profética que recibimos, ¿dónde estarías hoy? Si esas palabras no se hubieran capturado, hoy estarías perdido.

 

 

Versículo 40 

“Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, que no se escape ninguno de ellos. Los prendieron, y Elías los hizo bajar al torrente Cisón y allí los degolló”. 

 

 

 

Cuando restauras el altar, Dios te empieza a mostrar esas voces que has estado escuchando y que te han contaminado, diciéndote de continuo que no te sacrifiques y que continúes en el pecado. Cuando levantas el altar, tienes la autoridad para callar toda voz que ha impedido el cumplimiento de la palabra de Dios en tu vida. 

 

 

No puedes dejar vivo ningún pensamiento que se oponga a la palabra de Dios, pero si no levantas el altar, ¿cómo te vas a dar cuenta de lo que tienes?

 

 

El altar y la presencia de Dios fue lo que hizo que los ojos espirituales del pueblo se abrieran para que se diera cuenta quién era el verdadero Dios de Israel. En el altar, tu visión espiritual se aclara para que veas lo que está haciendo el enemigo en contra del cumplimiento de lo que Dios ya ha dispuesto. Es en el altar reconocemos las voces que nos hablan en contra de Su palabra.

 

 

La única voz que tiene autoridad en tu vida es la de Dios, es Su voz la que tienes que seguir y obedecer.

 

 

¡Silencia la voz del enemigo en tu vida!

 

 

Después que cayó el fuego en el altar de Elías, no había otra voz que se escuchara en el pueblo de Israel que no fuera la de Jehová. Tienes que ser decidido como Elías, y ser constante hasta que veas el fuego de Dios caer en tu vida. 

 

 

1 Reyes 18: 43-46 

“Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el[q] mar. Y él subió, miró y dijo: No hay nada. Y Elías dijo siete veces: Vuelve a mirar. 44 Y sucedió que a la séptima vez, él dijo: He aquí, una nube tan pequeña como la mano[r] de un hombre sube del mar. Y dijo: Sube, y di a Acab: «Prepara[s] tu carro y desciende, para que la fuerte lluvia no te detenga». 45 Y sucedió que al poco tiempo, el cielo se oscureció con nubes y viento, y hubo gran lluvia. Y Acab montó en su carro y fue a Jezreel. 46 Y la mano del Señor estaba sobre Elías, el cual ciñó sus lomos y corrió delante de Acab hasta[t] Jezreel. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el[q] mar. Y él subió, miró y dijo: No hay nada. Y Elías dijo siete veces: Vuelve a mirar. 44 Y sucedió que a la séptima vez, él dijo: He aquí, una nube tan pequeña como la mano[r] de un hombre sube del mar. Y dijo: Sube, y di a Acab: «Prepara[s] tu carro y desciende, para que la fuerte lluvia no te detenga». 45 Y sucedió que al poco tiempo, el cielo se oscureció con nubes y viento, y hubo gran lluvia. Y Acab montó en su carro y fue a Jezreel. 46 Y la mano del Señor estaba sobre Elías, el cual ciñó sus lomos y corrió delante de Acab hasta[t] Jezreel”. 

 

 

Elías le dijo a su siervo que volviera 7 veces, porque 7 es el número perfecto, Elías sabía que esa oración que hacía con el corazón tenía que ser perfecta. ¡No importa los años que tengas orando, esa oración tiene que hacerse perfecta! Es por esto que si empiezas a orar por conveniencia, la oración nunca se hará perfecta delante de Dios. 

 

 

Cada vez que Elías oraba, su oración cambiaba, giraba, ya él no estaba preocupado por luchar contra Acab o sus profetas, ahora su única preocupación era que la lluvia descendiera. De igual forma, tu objetivo debe ser que se cumpla la voluntad de Dios.

 

 

Si Dios te dijo que te iba a bendecir, tienes que permanecer postrado hasta que se cumpla lo que dijo, no puedes desmayar. ¡Pelea por tu palabra profética! En Elías podemos ver que él envió a alguien más por una señal, él sabía que no podía distraerse ni dejar su lugar.

 

 

Dios no podía enviar lluvia ni nada a favor del pueblo de Israel debido al estado en el que se encontraba, ya el pueblo había perdido su fe, no oraba ni presentaba sacrificios, porque ellos iban tras otros dioses; sin embargo, cuando todo se alineó, Elías empezó a orar hasta que Su voluntad se hiciera perfecta. Tú no eres quien, para ponerle tiempo a Dios, Él es el que dice.

 

 

Elías solamente obedeció a Dios, fue donde el rey Acab y le dijo que la lluvia vendría, el profeta no sabía cuánto tardaría la lluvia en llegar, el Señor no se lo dijo. Dios solamente te dice: Alinea tu vida y la lluvia temprana y la tardía vendrá sobre tu vida como un torrente indetenible. 

 

 

¡Hoy te activo para que pelees la palabra profética que hay sobre tu vida, en el nombre de Jesús! ¡Declaro que hoy tus oídos espirituales se afinan y agudizan para escuchar la voz de Dios! Hay un pueblo que hoy empieza a abrir los cielos a su favor. ¡Hoy la palabra profética encuentra donde manifestarse! ¡Este es el tiempo y la hora que Dios ha declarado que está hecho, en el nombre de Jesucristo de Nazareth!

 

 

La palabra de Dios dice que creamos en los profetas y seremos prosperados, Dios nos ha hablado para que busquemos nuestra bendición.

 

 

Dios nos da lo general para que sigamos buscando lo específico, pero ya nos ha dado el secreto: Levanta tu altar, dobla tus rodillas y presenta sacrificio, hasta que veas la asta de Jehová ondear sobre tu vida. 

 

 

¡Declara que la palabra se cumplirá! ¡Recuerda que a la palabra de Dios no se le añade ni se le quita nada, Su palabra es perfecta!

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