“Cómo poner mi confianza en Dios” – Apóstol Miguel Bogaert

Necesitamos dejar las distracciones, y cuando hablo de ello, me refiero a no desenfocarnos de lo que Dios quiere para nuestras vidas. Este mensaje es uno con los que Dios más puede bendecirte y trae un resultado que viene de la fe.

Necesitamos poner a Dios primero, por encima de aquello o aquel en quien confiemos.

Si yo confío en mi esposa, la pastora, mi confianza no puede estar en ella como la pastora humana, sino más bien, en quien Dios es en ella. Cuando no miramos las cosas desde este punto de vista, confiaremos en el hombre.

Yo voy a confiar en una persona conforme me demuestre es Dios en Él. Mi confianza no estará basada en lo que es esa persona, sino más bien en cómo Dios se mueve en ella. Es lo único que me dará seguridad y me dirá que mi confianza está en el lugar correcto. 

Esta confianza no significa que será 100% pero sí nos evitará muchos desaires y problemas.

Jeremías 17:5 (RV1960) “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6 Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. 7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová”.

Confiar en el hombre acarrea maldición. Para Dios, el confiar en el hombre es algo terrible porque permite que se desate maldición sobre tu vida. La maldición trae sequedad espiritual y traerá cosas terribles a tu vida.

Cuando el hombre confía en el hombre sustituye a Dios, y lo hace en todos los sentidos. No nos permitirá ver que no estamos creciendo espiritualmente.

El que confía en el hombre, siempre vivirá en un desierto y en soledad. 

Desde que comenzamos a confiar en el hombre, tenemos un problema, porque nuestras emociones están involucradas, y automáticamente lo hacemos, nuestra confianza es asignada a esa determinada persona o cosa, trabajo, ente otros.

En aquellos tiempos, muchos ponían su confianza en sus caballos, más Dios les dijo que Él era su fuerza, su escudo y su confianza.

Como creyentes, confiamos más en:

  1. Cosas naturales a través de los sentidos. Confiamos en lo que nuestros ojos naturales ven y en lo que nuestros oídos naturales oyen.
  2. Los hombres.
  3. En nosotros mismos. Hay muchos que confían más en ellos mismos que en Dios.

Todo lo que Dios es, es espíritu. A Él no podemos buscarlo a través de cosas naturales, tenemos que hacerlo en el espíritu.

Cuando busques personas que caminen en el espíritu, tendrás menos desaires y traiciones, también menos desenfoques y problemas. Cuando caminamos en el espíritu, caminamos con los valores de Dios y cuando caminamos en la carne, lo hacemos con los valores del hombre.

Cuando seguimos los valores del hombre, vamos a querer quedar bien con él, y es ahí, donde tenemos problemas con Dios, Necesitamos discernimiento para saber quiénes caminan en el espíritu y quienes lo hacen en la carne para poder confiar.

¿Cómo sabemos que podemos empezar a confiar en alguien? Podemos hacerlo si tiene valores en Cristo, a través de sus frutos y sus cambios.

La fe es sobrenatural, y si lo es, tiene que traer cambio. La fe es un don dado por Dios, es divino. Cuando vemos una persona que no tiene frutos de cambio, esa persona tiene problemas. La fe produce cambios.  

Si hay una persona que no ha producido cambios en su vida y siempre está quejándose de lo mismo, apártese, porque si no, usted también tendrá problemas.

Isaías 30:1-2 (RV1960) “Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! 2 Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto”.

El confiar en los hombres te aparta de Dios. Cuando Elías oró, Dios le dijo que fuera porque ya Él había hablado con la viuda. Cuando Dios te va a ayudar, lo hace cuando empiezas a confiar totalmente en Él. Todo lo que necesites, preséntaselo al Señor, acércate a Su presencia que Él hará que alguien se acerque a ti y te ayude en tu problema.

¡Tu confianza no puede estar puesta en los hombres, tiene que estar puesta en Dios! 

Mientras más confiemos en los hombres, más posibilidades tenemos de caer en pecado. No puedes confiar en alguien que talvez tiene más problemas que tú mismo. Este pasaje nos dice que cuando confiamos en el hombre estamos volviendo al mundo, aunque vengamos a la Iglesia y creamos en Dios.

El hombre falla y siempre tendrá problemas, pero Dios no.  Dios es perfecto. El hombre no tiene misericordia, sin embargo, Dios siempre te mostrará Su amor y compasión.

El problema de la iglesia es esa confianza que nos tenemos entre nosotros. Esta confianza le dice a Dios que se quite, porque Él es pequeño. Cuando tienes un problema, ve a tu lugar secreto, no vayas a buscar consejo donde amigos, son ellos los que contará tu historia y te traicionarán. El amigo es el que te deja, Dios no lo hace. Él es tu centro y quien te sustenta. Él es quien da órdenes a los cuervos para que te alimenten.

Preferimos poner nuestra confianza en los hombres porque nos resulta más fácil que meternos en nuestro lugar secreto. Es más fácil que cambiar nuestra mentalidad y romper nuestras estructuras.

Tu factor es Cristo y el Espíritu Santo, no lo es el hombre. Nos tememos que mover a través de Cristo y de la cruz. Dios es nuestro proveedor y sustento, en Él debemos confiar, no en los hombres, porque el hombre de por sí está maldito.

En ocasiones, nosotros, los que somos un poco más maduros, hacemos las cosas mal, cuando ponemos  a personas en lugares o posiciones que sabemos no deben estar.

Dime tu historia y antecedentes con Cristo y yo sabré si te puedo dar un poco de mi confianza. El humanismo nos hace confiar en los hombres. No nos debe importar lo que diga el hombre, tiene que importarnos lo que dice Dios.

Isaías 31:1 (RV1960) “Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová! 2 Pero él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus palabras. Se levantará, pues, contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los que hacen iniquidad. 3 Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano, caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una”.

Cuando la Biblia menciona la palabra ´Ay´ involucra dolor. Esta palabra nos enseña que en ese tiempo, muchos ejércitos se creían fuertes y poderosos por la cantidad de caballo y armas que tenían. Vemos una muestra de lo que Dios quiere enseñarnos con la historia de Gedeón, quien con sólo 300 hombres le ganó a un ejército de miles, sucedió así, porque esos 300 eran los que estaban con Dios.

Si confiamos en el hombre, éste nos mantendrá confundido.

¿En dónde está tu confianza? ¿En tu trabajo, dinero o negocio? Cuando no confiamos en Dios, estamos haciendo iniquidad. Esta es la razón por la que estás desfallecido, que quieres tirar la toalla y ya no aguantas más, porque tu confianza está puesta en los hombres.

Confiar significa poner una expectativa más allá. Pon tus expectativas en Dios, y lo verás obrando a tu favor, verás lo que hará con tus hijos y con todo lo tuyo.

No todo el mundo puede tener tu nombre en su boca, no podemos estar confiando en todo el mundo. ¡Confiemos en Jesús!

Cuando ponemos nuestra confianza en el hombre y no en Dios, es el principio de una rebelión, y cuando nos rebelamos, creamos una atmósfera. Debemos medir quienes son espirituales y quienes son carnales, los que dan fruto de los que no; porque si antes éramos altaneros y engreídos, ahora somos humildes, cambiamos nuestra forma de hablar y de servir.

Cuando la fe en un hermano es genuina, los cambios son radicales y automáticos. 

Toda confianza lleva siempre a un interés. Si hay una persona que te confía mucho, atención, porque anda detrás de algo tuyo. Toda confianza de hombre a hombre está motivada por un interés.

1 Corintios 3:21 (RV1960) “Así que, ninguno se gloríe en los hombres…”

2 Corintios 1:9 (RV1960) “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos”. 

Pablo nos dice que todo lo que hagamos cuando confiamos en nosotros mismos, es muerte.

Si Dios resucita a los muertos, Él también resucitará tu familia y tus finanzas. Tus negocios, relaciones, hijos, tu cónyuge, todo lo que tengamos es para Dios.

Este es el cambio que esta generación debe provocar, que empecemos a confiar en Dios y a poner todas nuestras expectativas en Él. Es en Dios en quien debemos creer, mientras más lo hacemos en el hombre, una mayor sentencia de muerte tenemos sobre nosotros.

Proverbios 3:5-7 (RV1960) “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal”.

No negociemos nuestra confianza con nadie. Cuando decimos que creemos y asumimos es porque estamos actuando bajo nuestra propia prudencia. Cuando no confiamos en Dios, estamos actuando en el mal.

Muchas veces confundimos fe con confianza y son diferentes. Lo primero es que la fe es divina y no podemos confundirla con la confianza. La fe nos prepara para un encuentro con Dios y ese encuentro me prepara para confiar en Dios.

Nuestra confianza en Dios será conforme a nuestra fe. Aquellos que menos confían en Dios son aquellos que menos fe tienen en Él. Es por esto, que Dios no nos puso confianza, nos puso fe, porque la fe al ser divina, producirá encuentros con Dios, lo que dará como resultado que confiemos en Él.

En cada encuentro que tenemos con Dios, ganamos experiencias de primera mano. No hay un solo encuentro con Él, que no nos dé una experiencia. Son estas experiencias de primera mano que nos dan la confianza.

Efesios 2:8 (RV1960) “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Confiar es lo que hacemos por la fe que nos ha sido dada. La palabra confiar involucra sentimientos y decisiones, involucra la voluntad, las experiencias y los sentimientos. Mientras menos revelación de la Palabra tengamos, menos confiaremos en Dios. La confianza lleva decisión y la fe es creer.

La fe genera confianza y la confianza genera compromiso. La gente no se compromete con Dios, no porque le falte fe, sino porque le falta confianza. 

Nuestra comprensión de las cosas es finita y cuando no somos comprendidos es que vienen los problemas. Más Dios es infinito en misericordia y comprensión. No importa lo que estés pasando, Dios te entiende.

Dios creó a Su hijo cien por ciento hombre y cien por ciento Dios para que pudiera entenderte. 

Dios fue tentado en todo, más en Él no se encontró pecado. Dios lo decidió así para que pudiera entenderte.

Confiar en nosotros mismos es semejantes a estar llenos de orgullo, terminaremos en un abismo en todo lo que hagamos. Mientras que, cuando confiamos en Dios, nada es grande y no hay problema alguno.

El hombre no es un creyente genuino y carece de valores fijos cuando confía en sí mismo y en los hombres. Cuando confiamos en el hombre, no somos salvos. El hombre, por su naturaleza pecaminosa, es engreído, orgulloso y egoísta. Por eso tantas traiciones y dolor, por confiar más en los hombres y no en Dios.

Salmos 40:1-4 (RV1960) “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. 3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. 4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. 5 Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados”.

No importa tu problema y desesperación, te desafío a que te metas con Dios y los busques de corazón, a que le des la oportunidad de cambiar tu circunstancia. Empieza a confiar en Él, empieza a morir a tu sabiduría y a tu ´yo´.

Tenemos que demostrar que tenemos confianza en Dios, esa confianza hará que nuestra familia y amigos vengan a los pies del Señor

Hebreos 10:35-37 (RV1960) “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. 37 Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”.

La confianza nos mete en el sistema de la paciencia, la paciencia en el esperar en Dios, y el esperar en Dios nos mete en la promesa. Lo primero que nos delata, es el desesperarnos, con ello demostramos que no confiamos en Dios. La desesperación es la señal.

La confianza en Dios provoca los de repentes.  

La desesperación trae duda y la duda es sinónimo de desconfianza. Cuando dudamos, estamos desconfiando. Si Dios te lo dijo, si Su palabra lo dice, solamente confía. Muchos creyentes se han apartado, cayendo con los dardos de Satanás y accediendo a la duda. Aunque digamos que tenemos fe, debemos más bien preguntarnos, si tenemos confianza, porque son dos cosas diferentes.

La fe es la convicción de lo que esperamos y la certeza de lo que no se ve. Con la confianza no tenemos que esperar las cosas, porque ya las tenemos, celebrando porque ya está nuestras manos.

Proverbios 28:25 (RV1960) “El altivo de ánimo suscita contiendas; más el que confía en Jehová prosperará”.

Proverbios 29:25 (RV1960) “El temor del hombre pondrá lazo; más el que confía en Jehová será exaltado”.

Salmos 84:12 (RV1960) “… Dichoso el hombre que en ti confía”.

Jeremías 17: 7-10 (RV1960) “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. 8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. 9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”.

Cuando confías en Dios, la verdad camina contigo. Más cuando confías en el hombre, caminas en la verdad del hombre, por eso tantos problemas.

 

Salmos 37:3-5 (RV1960) “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y Él hará”.

Mientras más confiemos en Dios, viviremos mejor. 

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