“El Poder del Legado” – Profeta Montserrat Bogaert

Hoy celebramos el día de las madres, pero el día de las madres y de los padres no es para celebrarse un día, porque la honra debe ser algo de todos los días, tenemos que valorar el vientre que Dios escogió para que tú y yo naciéramos.

 

 

 

Como padres y madres, debemos de velar por que el propósito de nuestros hijos se cumpla, porque sin importar la edad que tengan siempre serán los pequeños hijos. La maternidad y la paternidad hacen que los veamos pequeños, que queramos cuidarlos y protegerlos; y es por esto, que debemos saber cuál es el legado que le estamos dejando a nuestros hijos, porque no es lo mismo un legado que una herencia.

 

 

 

Muchos de nosotros trabajamos para dejarle herencia y hasta con papeles escritos, repartimos aun en vida lo que queremos que nuestros hijos reciban, pero cuando vemos la diferencia entre herencia y legado, nos hace recapacitar.

 

 

 

Herencia es un conjunto de bienes y derechos que pasan de una persona a otra tras su muerte, la herencia generalmente se refiere a cosas materiales, y es por esto, que el mundo nos ha llevado a tener adquisiciones, a acumular riquezas y tener ahorros.

 

 

 

Sin embargo, el legado es algo material o inmaterial, que se transmite de padres a hijos y de generación en generación.

 

 

 

Una herencia es algo que dejamos cuando morimos, pero un legado que entregas en vida, y puede ser algo hasta invisible. Nosotros nos estamos olvidando de dar a nuestros hijos lo mejor por darles lo que el mundo nos ensena. Los padres se afanan en vida para dejar bienes materiales a sus hijos porque no quieren que cuando falten lo pasen mal, pero yo les pregunto, ¿cómo están ellos seguros de que no lo pasaran mal porque le dejen una herencia?

 

 

 

Tenemos que trabajar para dejar un legado, porque una herencia se pierde más un legado permanece. 

 

 

 

 

Tenemos que trabajar para dejar un legado espiritual, en vez de trabajar, 10, 12 o 14 horas, vamos a invertir en dejarles un legado a espiritual a nuestros hijos. El legado es un estilo de vida, una forma de vivir y un ejemplo.

 

 

 

Reflexionemos sobre nuestro legado, ¿es bueno o malo?

 

 

 

¿Qué pasa si le dejas una empresa a tu hijo, pero él es un despilfarrador y botarata? ¿Qué pasa si no le enseñaste a ser un buen esposo o una buena esposa?

 

 

Tenemos que asegurarnos que cada paso que demos sea para el bien de nuestras generaciones. No es malo que dejemos bienes, pero el legado es más importante.

 

 

 

Eclesiastés 5:13 

“Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal; 14 las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano”. 

 

 

 

Acumularon y la herencia se despilfarro como la espuma, se la dio a alguien que no supo el sacrificio que se hizo para obtenerla. Mientras tú te afanas trabajando, tus hijos están chateando y viendo televisión, o están enamorándose, porque no le estas dejando un legado.

 

 

 

Tu legado es para que ellos sepan el precio de tu sacrificio, que el día que no estés, ellos sepan cuidar y valorar; he conocido jóvenes que han recibido herencia con 22 años y en un año, la han gastado. Conocí un joven que recibió una herencia con 18 años de parte de sus tías que no tuvieron hijos, y en un año lo perdió todo, tenía millones, pero empezó a comprar casas y carros hasta a los amigos, al quedarse sin nada, se tuvo que ir a Estados Unidos a trabajar en una bodega. Este joven recibió una herencia, pero no un legado.

 

 

 

No acumules tesoros en la tierra, hazlo en el cielo.

Enséñales a tus hijos sobre valores, aunque sufran y se predispongan contigo. Hay padres que, para estar en buenas con sus hijos, le dan todo lo que quieren, porque si no lo hacen, el hijo se violenta y se enfada. Más tú como padre, tienes que enseñarle lo que cuesta eso que está pidiendo y que él se lo tiene que ganar.

 

 

 

Nosotros no podemos estar con nuestros hijos todos los días, las 24 horas, pero si le dejamos un legado, ellos serán cuidadosos, porque le estás transmitiendo valores. Ocúpate de dejar un legado de honradez, ocúpate de ensenarlos a diezmar, vemos padres que no se paran a diezmar, con el hecho de venir al alfolí a presentar tus diezmos ya le estás dando un ejemplo de por vida.

 

 

 

En nuestra sociedad hoy en día hay adultos que han decidido no tener hijos porque no quieren problemas, y todo por lo que vivieron ellos mismos en sus hogares, esos adultos de hoy que piensan así no tuvieron padres que le dejaran un legado.

 

 

 

Como hijos de Dios, no podemos vivir en maldición, sino más bien, en bendición, y transmitirlo por generaciones. Tenemos que ser como Abraham, quien cavo pozos y se los dejo a Isaac, quien también cavo sus propios pozos. Pueden ocurrir ciclones y terremotos y tu legado permanecerá, porque no es con papeles ni abogados, el legado está dentro de cada uno de nosotros. Ni el mismo infierno puede poner las manos al legado.

 

 

 

Si ahora mismo me preguntan, que quiero, ¿si herencia o legado? Mi respuesta rotunda es legado. Para dejar un legado, se requiere de sacrificio, esfuerzo y dedicación, es emplearse e invertirse en dejar cada día, las 24 horas un ejemplo, y en no ser permisible, sino más bien radical.

 

 

 

El mayor ejemplo en una casa son los padres, así que, sacerdotes, ¡levántense! Los hombres no están para ver televisión y las mujeres para ayudar con las tareas, la biblia no muestra ese ejemplo, a ambos les corresponden ser ejemplos y disciplinar a sus hijos, porque ambos los crearon.

 

 

 

Mi padre me dejó un legado tremendo que todavía hoy sigue conmigo, él fue quien me enseñó a leer, escribir y sumar, todas las tardes trabajaba conmigo.

 

 

 

Les recomiendo leer y meditar en Proverbios 31, nos da esa claridad del tipo de mujer y madre que debemos ser. El primer legado que debemos dejar a nuestros hijos es el de la sabiduría.

¿Quién pide sabiduría? ¡Nadie! Tenemos que pedir sabiduría, a veces ni sabemos lo que es.

 

 

 

Proverbios 31:26 

“Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua”. 

 

 

 

 

Cuando la madre no tiene nada Bueno que decir para edificar, mantiene su boca callada. La mujer sabia edifica y construye casas de familias poderosas. Como madre, no puedes transmitir lo que no tienes, si no eres sabia, no puedes exigirles a tus hijos que lo sean.

 

 

 

Como madres, tenemos que pedirle a Dios que nos llene de sabiduría, porque queremos que toda nuestra casa sea sabia. Cuando todos en la casa sean sabios, será un Edén, todo hablando lo correcto, y lo bueno.

 

 

 

Enséñales a tus hijos de Jesús, el Señor Todopoderoso, Él es el Shaddai.

 

 

 

Eclesiastés 7:11-12 

“Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. 12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; más la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores”. 

 

 

 

Vamos a pedir sabiduría que es gratis, la necesitamos para todo y todas las áreas de nuestra vida.

 

 

 

 

Cuando estaba embarazada de mi primer hijo, me decían que tendría que quitar todos los adornos de la casa, porque los niños a todo le ponen la mano, y veía casas desoladas que tenían mesas vacías, pero yo decía que ¿por qué tenía que ser así? Desde que el pastor Miguel estaba pequeño le enseñé que no podía ponerles las manos a esas cosas, y siempre que iba, le decía que no, sin importar si debía repetirlo 10 veces, y así aprendió, y yo nunca tuve que quitar ningún adorno de la casa.

 

 

 

Es una inversión, es verdad que te desgasta, pero después ves el fruto. Y todavía tus hijos tienen edad y tú no los corriges, y yo te digo, corrígelos, porque después pasado el tiempo, será peor.

 

 

 

Si los hijos te dicen que están grandes ya, tú le dices que grande es Dios y que ellos son chiquiticos. No deje que sus hijos se rebelen, cuando usted dé una orden, ellos deben de recibirla. Yo en lo personal no sé lo que es dar golpes o un jalón de orejas, porque mis padres me enseñaron a corregir, no a pegar.

 

 

 

Como padres tenemos que estar pendientes y vigilantes para dar lo mejor. Necesitamos levantar hombres y mujeres de valor. Nunca vi a mis padres beber ni fumar, por eso nunca lo hice, lo que hagamos es el ejemplo que dejamos a nuestros hijos.

 

 

 

La Palabra nos ensena que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. El temor hace que no hagamos lo malo, porque tenemos temor reverente a Dios.

 

 

 

El segundo legado que dejo esta mujer de proverbios 31 es la fe. La sabiduría no necesita trabajo, ni apellido, hasta el más pobre puede dejar el legado de la sabiduría.

 

 

 

Proverbios 31:25 

“Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir”. 

 

 

 

Se puede levantar el fuego o cualquier tormenta, pero tenemos la confianza de que Dios calmara toda tormenta. Tenemos que reírnos del porvenir y lo podemos hacer porque tenemos fe. Esta mujer sonreía y celebraba, hagamos lo mismo, disfrutemos y vamos a alegrarnos por el futuro.

 

 

 

El tercer legado es una vida de oración y de dependencia en Dios. Este es el legado que tus rodillas dejen huellas para todas tus generaciones.

 

 

 

Proverbios 31:21 

“No tiene temor de la nieve por los de su casa, porque todos los de su casa llevan ropa escarlata”. 

 

 

 

Toda su familia está cubierta de rojo escarlata que es la sangre de Cristo. Para el enemigo atacar a Job, tuvo que pedir permiso a Dios, dice que Job expiaba continuamente los pecados de sus hijos. La sangre de Cristo tiene que estar sobre tu casa, que cuando venga el problema, tu hijo sepa a quien clamar.

 

 

 

¡Clama a la sangre del cordero! ¡Estos tres legados traerán la bendición sobre toda tu casa! ¡Enséñales a doblar sus rodillas!

 

 

 

Cuando Ana era aún pequeña, con 10 u 11 años, se encerraba en su habitación, y en su inocencia, ponía un papel afuera que decía: ‘No molestar, estoy orando’. Una vez con el pastor Miguel, tenía la costumbre de ir a nuestro baño, cuando era niño, y un día de madrugada se encontró con su papá, postrado de rodillas a las 3 a.m., y él se postro junto a su padre, y así amanecieron juntos.

 

 

 

Deuteronomio 4:9 

“Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos”. 

 

 

 

Este versículo nos dice que tenemos que dejar un legado sobre todas nuestras generaciones.

 

 

 

Hoy se levantan todas estas madres delante del Juez Todopoderoso reclamando herencia sobre sus hijos, y que como madres de Proverbios 31 nos levantamos a dejar un legado y el enemigo no tiene derecho sobre nuestros hijos, y declaramos que los planes del enemigo sobre ellos son torcidos, creemos y declaramos que el legado de Jesús es mayor y es el que prevalece.

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