Sacrificio y Ofrenda. 4ta. Parte

Sacrificio y Ofrenda. 4ta. Parte

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

Lucas 5:12-14 dice:

“ Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.  Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos”.

 

El sistema sacrificial levítico se usaba todavía en el Nuevo Testamento y con el nacimiento del hijo de Dios se cumple el mayor sacrificio, Dios nos habla diciendo que Jesús es el cordero y que habría de ser crucificado, es aquí que comienza el sacrificio más grande de la historia de la humanidad.

Cuando Dios entregó a Su hijo en sacrificio, lo hizo por nosotros, primero para salvación y vida eterna, y segundo, para desviarnos de nuestros pecados, y lo más importante, lo hizo para reconciliarnos con Dios, nuestro Padre Celestial, con quien habíamos perdido esa unidad.

 

Juan 1:14 dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

 

En este pasaje, el vocablo original habitar, significa tienda, tabernáculo. El Nuevo Testamento describe sistemáticamente la muerte de Cristo en términos de sacrificio.

 

Hebreos 9: 11-14:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,  y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,  ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

 

Es importante entender que en aquel tiempo, la sangre de ese animal muerto expiaba nuestros pecados, hay que observar el nivel de sacrificio de entregar Dios a Su hijo inmolado como un cordero limpio y sin pecado, para que nosotros a través de Su sangre podamos ser salvos y limpios. La cruz del calvario no es lo que piensas, es algo más, por esto la importancia de la sangre de Cristo en el calvario, el sacrificio de Cristo fue uno completo, hasta tal punto que jamás será sacrificado otra vez, solamente fue una vez.

 

Cada vez que cometes un pecado, estás crucificando a Cristo, cada día, la sangre de Cristo tiene el mismo valor, el mismo poder y la misma autoridad, porque Su sangre es eterna. La sangre de Cristo nunca se coagula ni se pone vieja. La crucifixión es un evento eterno y lo eterno es en el presente, es como si lo estuvieras viviendo en el ahora. Cuando entiendes esto, tu sacrificio, ofrenda, entrega y alabanza tienen que cambiar de nivel. Si no entiendes esto, vas a tener un Jesús y una cruz de hace 2,000 años.

 

Es importante que la Iglesia entienda este sistema porque es lo único que te va a dar el poder y la autoridad para romper con todo lo que se levante en contra tuya. Su Palabra dice que no hay nombre que se pueda nombrar por encima del de Jesús, porque Su nombre está en lo eterno.

 

La idea de Dios es que se limpie tu conciencia porque tu conciencia es el espejo donde Dios te enfrenta, es lo que te dice, si está bien o mal lo que estás haciendo, ahora bien, si no entiendes el sacrificio y ofrenda de Cristo por ti, tu conciencia sigue cauterizada, tienes que entender la revelación de la sangre y de la cruz, del sacrificio de Jesús, cuyo sacrificio no empezó en la cruz, sino en el Getsemaní, mientras estuvo en el Getsemaní se abrieron las puertas de todos los pecados y enfermedades de la humanidad y entraron en su cuerpo. La cruz no fue nada comparado a lo que vivió en el Getsemaní; en la cruz dijo: ´Consumado es´, mientras que en el Getsemaní dijo: ´Si puede pasar de mí esta copa´. A tus pensamientos y al campo visual que tienes de lo que es Dios, debes darle una rotación.

 

La sangre de Cristo no sólo te redime de pecado, no solamente te limpia la conciencia, sino que te saca del sistema de vivir en tu propio yo, en tu egoísmo, y el vivir de tu propio yo se llama obras muertas, porque haces lo que quieres y cuando quieres y eres el que decides; y cuando estás en esa posición, todo lo que haces fuera del tiempo y la voluntad de Dios son obras muertas.

 

Si todo lo de Jesús es eterno, todo lo que Él tiene para ti es eterno, en la eternidad están todas tus soluciones, ahí está todo lo que necesitas. Cuando estás en el orden de Cristo, todo lo que está en la eternidad tiene que venir a ti en el ahora. Tu salud y finanzas están en la eternidad y tienes que traerlas a ti.

 

Hebreos 9:23 dice:

“ Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos”

 

Tu sacrificio y ofrenda no pueden ser ajenos, tienen que ser tuyos. Tenemos que sacrificarnos en oración, tienes que sacrificar tu propia sangre porque cuando lo haces, es cuando empiezas a mover el sistema sacrificial y Dios te empieza a bendecir y darte lo que necesitas. Cuando sacrificas un pecado y te bañas con la sangre de Cristo, sólo lo haces una vez porque cuando Cristo se sacrificó por ti para darte lo que tienes hoy, sólo lo hizo una vez.

 

Versículos 27-28: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

 

Hebreos 10:12-13 dice:

“ pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,  de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies”.

 

Los enemigos que tienes y que te apartan de Dios son tu iniquidad, transgresión y pecados, son esos los enemigos que tienes que poner por estrado de Sus pies, esos pecados que no te dejan alabarle y adorarle, los pecados que te hacen independiente son los enemigos de Dios y lo son porque no reconocen el sacrificio que Él hizo.

 

Versículo 22: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.

 

El agua pura que limpia nuestra conciencia es la palabra.

 

Gálatas 4:4 dice:

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”.

 

Efesios 2:18:

“ porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.

 

Cristo se hizo tabernáculo por nosotros, habitó por nosotros y se sacrificó por nosotros, aquel que envió el espíritu de Su hijo para que nosotros nos convirtiéramos en aquello que Él era antes de sacrificarse, porque cuando Cristo fue crucificado y resucitó, dejó de ser un tabernáculo para que tú lo fueras.

 

Tienes que sacrificar tu vida todos los días para que puedas limpiar tu espíritu que es el lugar santísimo y así encontrarte con Dios en ti mismo. Cuando caminas, no es un ser humano que lo hace, sino un tabernáculo de Dios. Necesitas hacer sacrificio en el lugar atrio que es tu cuerpo y luego en el lugar santo que es tu alma, que son tus emociones, pensamientos, voluntad y recuerdos. Tienes que cuidar tu testimonio externo.

 

Una vez sacrificamos nuestro lugar atrio y santo, tenemos acceso al lugar santísimo. Tienes que mantener tu alma y tu cuerpo en sacrificio a Dios y Su presencia caminará contigo, y una vez Su presencia camina contigo, tienes el 100% de todo lo que anhelas. Dios hizo el cuerpo para el sacrificio de Su hijo y el tuyo para que lo sacrifiques a Él.

 

Juan 14:20 dice:

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

 

Si no sacrificas todos los días lo que no le agrada a Dios, si no le reconoces y no te arrepientes cada día, lo que estás viviendo no es más que una vida religiosa, tenemos que sacrificarnos toda la vida hasta que Cristo venga, tenemos que sacrificar carácter, actitudes, pensamientos, vicios, deseos y pasiones, pero te aseguro, que en cada área en la que hagas sacrificio, verás la manifestación de Dios en tu vida.

 

Para un hombre, Jesús, quien era 100% hombre, sudara gotas de sangre, tiene que haber sufrido una presión tan grande y tan fuerte, que su presión llegara a explotar los vasos sanguíneos que van a las glándulas sudoríparas; en el momento en que el pecado entró en Él: Fornicación, lascivia, homicidio, sida cáncer, y con ellos, todas las enfermedades y todos los pecados, esta fue la presión que Cristo soportó por ti. Antes de pecar, piensa en Su sufrimiento.

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