“¿Cómo controlar tu voluntad?” – Apóstol Dr. Miguel Bogaert

1 Corintios 2:9-12 (RV1960) “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”.

Necesitamos que nuestro espíritu crezca para que podamos reconocer y entender lo que Dios tiene para nosotros. El hombre natural no percibe las cosas de Dios.

  1. 13-15 (RV1960)“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie”.

El enemigo subyuga nuestra voluntad para que no entendamos las cosas de Dios. Estos versículos nos enseñan que tenemos un espíritu dentro de nosotros y a través de ese espíritu es que Dios se comunica con nosotros. Él no quiere nada con nuestra alma ni nuestra mente.

1 Corintios 3:16-17 (RV1960) “ 16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

Dios quiere que trabajemos nuestro hombre espiritual, Él quiere vernos en santidad.

1 Tesalonicenses 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo…”

El interés de Dios para con los hombres es que seamos hombres espirituales. Con nuestro espíritu es que Dios hace todo lo que necesita hacer en nuestras vidas. Si no entendemos esto es que entonces llegan los problemas y los procesos. Creemos que los tratos que vivimos son simplemente porque Dios quiere y lo que Él realmente quiere es tratar con nosotros para que el hombre espiritual salga.

A Satanás no le interesa que seamos espirituales. Y es porque él ejecuta la presión a través de nuestra voluntad.

Romanos 7:14-24 “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí”.

Cuando hacemos la voluntad de Dios, abrimos los cielos y las cosas de Él llegan a nosotros. Cuando hacemos Su voluntad, Él va delante y tenemos favor y gracia y le estamos demostrando obediencia.

Muéstrame tu obediencia y yo te diré quién tiene tu voluntad tomada. La obediencia al Espíritu Santo nos convierte en hombres espirituales y la fe en Cristo en hombres regenerados.

Lo que nuestra alma percibe siempre va a agradar nuestro yo y nuestro cuerpo. Más lo que percibo en el espíritu va a agradar a Dios. 

 

Cuando buscamos a Dios con nuestras emociones no lo estamos agradando, más bien agradamos a Satanás.

  1. Porque no hemos sabido romper el hábito del mundo. Decimos ser creyentes e hijos de Dios pero tenemos las mismas actitudes pasadas. Hasta que no rompamos con esas rutinas, nuestra voluntad será doblegada.

Los hábitos no son más que la manera de actuar adquirida por la repetición de un mismo tipo de actos por el uso reiterado y regular de una cosa. Mientras sigo atado a mis hábitos del mundo, mi voluntad quedará doblegada, y si es así, debemos dudar que realmente seamos creyentes genuinos. Esto quiere decir, que nuestra voluntad la tiene tomada otra persona.

La palabra revelada es la que cambia y rompe nuestras rutinas. Cuando oigo la Palabra y no rompo con los viejos hábitos es cuando debo pelear contra la rutina.

  1. Nos gustan las cosas fáciles y no nos gusta el cambio. Dios nos dice que debemos cambiar pero la decisión es nuestra.

Mateo 4:3-4 (RV1960) “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Si el diablo fue donde el Hijo del Hombre, ¿crees que no vendrá a ti?

Juan 14:30 (RV1960) “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí”.

El tentador venía donde Jesús siendo el Hijo de Dios. El estar esclavizado bajo las mismas rutinas habla de que no tenemos control de tu voluntad. No trabajamos el cambio y el hábito nos acomoda.

Es más fácil quedarnos acomodados que decidirnos a cambiar. Dios nos dice qué es el pecado y de cómo hacer las cosas pero nos resistimos a hacer el cambio. 

Lo que estamos pasando, no es culpa de Satanás, es responsabilidad nuestra.

  1. Amamos los hábitos de vida que tenemos. No solamente tenemos una rutina sino que la amamos. Por esto hay actitudes que no podemos dejar, porque las amamos.

Todo lo que amo y que es parte mío, me llevará a orgullo y rebeldía. Este tipo de comportamiento provoca que nunca entremos en razón y siempre justificar lo que hacemos.

Cuando amamos nuestros hábitos entramos en el sistema de la justificación. Este sistema no nos permite ver en lo espiritual lo que Dios tiene para nosotros. 

 

La justificación entenebrece nuestro entendimiento. Necesitamos voluntad para establecer que no tendremos ira ni pecado en nuestras vidas. ¡Declaremos con fe que hoy se levanta nuestra voluntad en Cristo Jesús! 

 

Por más que Dios quiera revelarnos la Palabra, si seguimos justificándonos, no podrá hacerlo. Tomar nuestra cruz es morir a nuestra voluntad.

Filipenses 2:13 (RV1960) “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Nos metemos en tantos problemas por hacer nuestra voluntad. Y esto en el fondo, no es más que orgullo. Queremos tener el control y decidirlo todo conforme a nuestra voluntad. Mientras más control creamos que tenemos, menos tenemos delante de Satanás. Aquí él nos tiene dominados, delante de él somos débiles cuando hacemos esto.

Si no tenemos una espada y demostrarle que somos más fuetes que él, no estamos en nada. Los que aman la rutina, son egoístas, no piensas en sus hijos y generaciones. Estás casado, pero sigues mariposeando, porque no tienes voluntad ni para controlar tus ojos.

Si sigues viniendo a la iglesia con tu vestimenta de conquista de hombres en vez de venir con tu vestimenta de conquista de Dios, tendrás problemas y estás demostrando que algo hay en tu voluntad.

Vístete para Dios y no para los hombres y Él te va a dar lo que necesitas. Tenemos que empezar a ceder nuestra voluntad.

  1. La terquedad y el orgullo no nos permiten doblegar la voluntad. Nos convertimos en obstinados cuando nos resistimos a cambiar. Venimos a la iglesia y recibimos la unción y eso no provoca nada en nosotros.

Tenemos que dejar las cosas que agradan al cuerpo. La terquedad y la voluntad propia son el real problema del hombre. Estos son el caldo de cultivo del orgullo y de la rebeldía. 

El que cambia de verdad no mira más atrás. Deja de justificarte y decídete a cambiar. Mientras siga haciendo las cosas del pasado, no he cambiado nada. El cambio es cambio, no se refiere a cambiar en un 80%, debemos dejar atrás los viejos hábitos.

A veces, muchos se justifican el no cambiar debido a la presión que tienen y no entienden que es Dios que nos pone la presión para ver si nos decidimos a cambiar.

  1. Hemos aprendido el mal uso de  la imaginación. La imaginación del hombre puesta en las manos de Dios es el arma más terrible. Pero esta misma puesta en las manos de Satanás, es el arma más destructiva.

La imaginación te lleva a tener un sueño que es casi real. Cuando la imaginación entra en nuestra rutina, convierte el deseo en algo compulsivo, porque ya lo imaginamos. Si quiero doblegar mi voluntad, debo rendir mi imaginación a Dios.

Cuando te lleguen los deseos de algo de tu rutina pasada, no te lo imagines, córtalo de inmediato.

Génesis 6:5 (RV1960) Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

  1. El amor al mundo hace que yo no doblegue mi voluntad.

2 Timoteo 4:9 (RV1960) “Procura venir pronto a verme, 10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo…”

Nuestra voluntad está tomada por el mundo porque está trastocada. Mientras haga lo que hace el mundo, no hay un corte radical. Puedo amar a Dios y querer cambiar, pero mientras siga visitando los mismos lugares y teniendo los mismos amigos, no podré hacerlo. Mis amigos deben ser los que hacen la voluntad de mi Padre.

Amar al mundo es lo que nos tiene atados y no nos deja ceder en la voluntad.

  1. El no reconocer nuestra condición y admitir las faltas que tenemos. Esto es peligroso, porque si no lo reconocemos, vivimos una vida de hipocresía.

Lo que le da valor a un hombre es su capacidad de reconocer sus debilidades y virtudes. Cuando reconocemos nuestras debilidades, tomaremos las decisiones que tenemos que tomar. 

Hasta que no conozcamos nuestros errores y nos enfrentemos a nosotros mismos, no podremos doblegar nuestra voluntad y entregársela a Dios, porque siempre habrá dentro de nosotros un espíritu de justificación.

Muchas cosas podremos dejar por nuestra cuenta, pero para otras, obligatoriamente necesitamos al Espíritu Santo.

David era un hombre que clamaba a Dios para hacer Su voluntad, por esto llegó a ser un hombre con un corazón conforme al de Dios. Este es el principio de nuestra obediencia. La condición en la que estamos se debe al hacer nuestra voluntad, hay un sólo protagonista, y ese eres tú.

Fracasamos porque hemos decidido tener cosas que no eran la voluntad de Dios. Si hay algo que le revela a Dios que le temes, es cuando haces Su voluntad. 

El mayor beneficio de hacer la voluntad de Dios es que nos hace sabios.

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